El Capitán Ahab

En su empeño y obcecación por vengarse de Moby Dick, el Capitán Ahab ha construído, dentro del Pequod su propio equipo de captura del cachalote que lo obsesiona. Hace dos noches leí este pasaje de la novela donde, al grito del vigía desde la cofa al avistar los chorros de ballena, Ahab hace salir de su escondite a cinco filipinos que él mismo había embarcado en Nantucket en secreto para utilizarlos exclusivamente en el bote de reserva, patroneado por él mismo, para dar cumplida vengaza a la ballena que le arrancó la pierna.

No fue el aviso bueno esa vez, pero me hizo pensar en una parte de la “mala” Administración: Un viaje del que los marineros piensan sacar su sueldo a base del aceite de las ballenas capturadas y en el que los armadores pretenden obtener su justo beneficio, recuperando su importante inversión inicial, acaba siendo utilizado por el que ostenta el poder en “beneficio” propio, montando su propio “chiringuito” paralelo al “institucional”, con recursos pagados por otros y sin atender de forma explícita a los objetivos corporativos.

Cualquier parecido con la realidad institucional del siglo XXI debe ser  pura coincidencia…

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